Donde un abrazo es un lujo, y una cama no es una opción.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Convergencia...


"Ninguno de nosotros puede saberlo todo; cada uno de nosotros sabe algo; y podemos juntar las piezas si compartimos nuestros recursos y combinamos nuestras habilidades" - Henry Jenkins


El alcance de la tecnología en los últimos años a superado cualquier expectativa. La aldea global, diría Octavio Ianni, ha potenciado el aislamiento y la individualización característica de la burguesía del siglo XX.

Así pues, no es extraño notar la indiferencia de las personas frente a demandas recurrentes, como ser el pedido de "un pesito", "una ayudita", "una moneda pal' vino", "una ropita", etc.

Entiendo el sacrificio que implica dedicar casi el 40% del día al trabajo, para ganar ese "pesito" que el otro nos pide. Uno tiende a juzgar, y esto genera resistencia. Muchas veces esa resistencia nos lleva a sentirnos mal con nosotros mismos, en tanto entendemos que tal vez no nos costaba tanto darle "un pesito". 

Hoy en día, el poder que otorgan los medios de comunicación a los individuos permite maniobrar con un margen diferente, más eficaz tal vez, en tanto el alcance de nuestras acciones puede masificarse rápidamente.

En esta línea, me cuestiono: ¿alguna vez hemos considerado utilizar dichos medios como una herramienta para ayudar? ¿Somos conscientes de lo que podemos generar con ello? 



"Si el otro es una fuente de conocimiento, la reciprocidad es inmediata. A pesar de mi posición social temporaria, a pesar del juicio de una educación educativa acerca de mis habilidades, yo también puedo ser una oportunidad de aprendizaje para alguien. A través de mi experiencia de vida, mi carrera profesional, mis hábitos sociales y culturales, yo puedo - ya que el conocimiento es co-extensivo con la vida - proporcionar recursos de conocimiento a la comunidad. Aunque esté desempleado, o sin dinero o diploma, condenado a una vida en un ghetto, analfabeto, no soy inútil" 



sábado, 27 de septiembre de 2014

Loco Paiva

Para saber lo que queremos saber, necesitamos hablar con ellos.

Caminando por la calle Isla de Flores, tuvimos el agrado de cruzarnos con José Carlos Paiva Rodriguez, de 55 años, quien amablemente se ofreció a contarnos un poco de su historia. 





¿Por qué te dicen loco Paiva?

Daniel el travieso me decían. Yo vivía en el campo, tenía un arco y flecha, pero era de juguete. No le hacía daño a nada. Me acuerdo de los piones que habían. Yo andaba en los hombros de uno, un tal Nelson, ni idea si vive o no. Y le cagaba a piñas la cabeza, como si fuera un caballo: “para allá quiero ir”. El demonio Carlitos Paiva.

¿Cuánto tiempo viviste en el campo?

What? Do you speak english?

Viví en San José, Buschental. Había un estanciero, tenía mucho dinero, unos caballos, algunas ovejas y unos chanchos. También lavé chiqueros, y todas esas cosas.

¿Tu familia es de San José? 

Sí, obviamente. Tenían tambo. Techo de paja. Vino un ciclón y voló la mitad del tambo, y no me querían dejar acercar al pozo de agua; 23 metros de hondo, o 16, sí. 

¿Cuándo viniste a vivir a Montevideo?

No no, yo vivía en Montevideo, en la calle Arroyo Grande, entre Caridad y Sitio Grande. 

Iba al tablado ahí, porque había carnaval. Me acuerdo de la Triunfalera. Juntaba botellitas de Norteña, los chopitos, y me regalaban una coca cola, ¡loco de la vida! Al enterarse de eso mi madre, ¡ay!: "¿Cómo? ¡Eso no!" (simula recibir una palmada).

Fui al colegio Pedro Poveda. Mi madre trabajó en secundaria; mi mamá… pensé que la iba a ver ayer sábado, y no. Ella me ayuda con una moneda y eso, siempre. Tengo que ir, me tengo que afeitar, mirá cómo estoy, parezco el viejo de la bolsa; y con estas bolsas, peor. Me afeito allá en Pocitos, en lo de mi madre, y me quedo ahí a veces. Miramos televisión, prende la tele, o escuchamos música. Qué raro que no fue ayer, sábado.

Fui al poveda y después fui al liceo 21, en Enriqueta Compte, frente a Canal 12. Decime en qué año nació Aparicio Saravia: 1856. ¿Y murió? 1904. No me preguntes cuándo nació Artigas, jaja.

Por ejemplo, de geografía mundial, pregúntame lo que quieras; dónde queda el Mar Rojo, el Mar Amarillo, cuántos océanos hay…

Sí, ya escuché que hablas inglés...

Do you speak english? Parler français? 

Ponieske poniediendie. Los días de la semana en ruso, no me preguntes cuáles son porque no me acuerdo.

Me está haciendo mal esto (señala la botella de vino).

Viví en Buenos Aires, en la Paternal, Avenida San Martín, en el octavo piso; con mi madre y mi padrastro. Agarré un trabajo en una cantina, era enorme el salón, tenía que lavar. Se acostaba a dormir la siesta y me dejaba solo: “yorugua, vengo en un rato”. Qué cosa que me molesta, que me digan yorugua. No soy yorugua, soy uruguayo. Esto fue hace como 15 años, tal vez más. Yo iba y venía porque no tenía la ciudadanía argentina. 

También fui al Campamento Artigas, mi cuñado era administrador. Yo paseaba en bote a los argentinos: “acá hay 4 metros de profundidad; sin salva vidas no me sube nadie al bote". Imaginate, uno sí, pero si se caen dos, ¿cómo hago?.  La campana sonaba en el desayuno, almuerzo, merienda y cena, se escuchaba desde todo el campamento. Cabañas de madera y carpas; 63 hectáreas. Yo era como líder. 

Soy muy cristiano, voy a la iglesia. Por ejemplo, voy acá, el padre me da algo de comer, un paquete de arroz, un paquete de fideos, y polenta por ejemplo. Voy los lunes y los sábados.

¿Cuándo viniste a este barrio?

Allá en la esquina, había un bar.

¿Los Tres 9?

¡Sí!

Era de mi abuelo...

¿Telesca? Para, para, para que esto es chiquito. ¡Yo usé los zapatos de tu abuelo! ¿Daniel? ¿El Toto? ¿Eva? Yo paraba ahí.

Yo trabajaba en la imprenta que estaba ahí, la que se prendió fuego. Ves que esto es chiquito, cómo gira, un trompo. Qué divino.

El vinito siempre tiene que estar. Tengo otra caja puesta ahí.

¿Y qué pasó con la imprenta?

Cerró, obviamente. Me acuerdo que cobré $9000 de a $500. Y bueno, trabajaba ahí, en la imprenta, $500 por semana, nada más. De lunes a viernes. 

Cuando cerró estuve en la cocina también, porque de artes culinarios conozco, y abundante. Trabajo en cualquier lado. Después trabajé allá, donde era El Industrial, que después no era El Industrial porque lo compró otro; me quedé a dormir ahí. También trabajé en El 2000, allá arriba; también me quedé a dormir ahí. 

¿Y ahora trabajas en algún lado?

En Durazno y Minas, los sábados, cuido coches; llueva o no llueva, yo voy igual. 

Tengo un amigo que se queda allá, en la ferretería El Globo, le dicen Galleta. Va a la feria, yo siempre voy con él, pero hoy no se me antojó; como acá no vive nadie, me quedo acá. Después me voy para pocitos, así me afeito. Qué raro que mi madre no fue ayer.

Me quiero jubilar, yo estoy operado; apendicitis aguda, casi peritonitis. Posteriormente a los 4 días, me abrieron una cosa como este gorro (en referencia a la cicatriz de la operación). Después de eso fui al BPS, pedí un formulario y fui al hospital para que los médicos me firmen. Luego voy y presento la planilla de esto, y me van a dar un dinero todos los meses; porque yo no puedo hacer fuerza. Sin embargo lo hago, a veces levanto cajones en la feria, voy y ayudo. No me puedo quedar quieto, y sino me tomo un poco de esto.

Ahora, para no molestar, me voy a dormir un rato. Después voy a sacar autos por el Welcome. En el Welcome trabajé también, limpiando todos los pisos. Conozco todo ahí. Soy muy laburador, tengo que hacer algo.

Soy bohemio a rajatabla, sin hablar. Te hablé de la cocina que es lo que me encanta. El fútbol me encanta, pero ya no puedo con la edad que tengo. El fútbol, la bolita, el trompo, todo eso. La gente no entiende lo que es eso, eran otras épocas. La cometa, que la hacía uno mismo. Todo eso se va terminando, porque ahora como está todo esto…computadora, computadora, se fue. 

¿De qué cuadro sos?

De Peñarol, sí, manya, manya. Ellos son todos de Nacional, y son amigos míos, saben que soy de Peñarol. Digo, amigos… la palabra amigo es muy difícil también. Amigo, qué palabra. Compañero, capaz; pero, ¿amigo? Hoy estamos, mañana no sabemos. O discutimos y no sabemos porqué tampoco: ¿discutimos por fútbol? ¿Discutimos por política?

¿Por qué no vivís con tu madre?

No, me fui. Hay motivos, porque mi sobrino se droga. Y él se puso plantas de marihuana. Yo le dije: “mirá pibe, a mí no me interesa eso. Yo tomo esto, la droga para mí no es. Conmigo no va, yo soy alcohólico”. 

¿Cuándo empezaste a tomar?

Hace muchos años; tengo 54 años, nací el 12 del 12 del 59. 

Cuando iba al liceo, de chico. Tomaba grapa con limón. Fumaba, no fumo más. Del vino no me saca nadie, me peleo.

Cuando arranqué tomaba caña con pitanga, porque había un pitanguero allá en Arroyo Grande, atrás de la cancha de Olivol Mundial, que jugaban al truco. Mi abuelo hacía, se juntaban un montón de viejos. Tomaba caña con pitanga y grapa con limón, y siempre estaba con las copitas chiquitas. 


Este poncho fue comprado en Bolivia, por Manuel Capela, que falleció y yo estuve en el velatorio. Su señora esposa me regalo esto. Cuando me pongo esto parezco Pilán. ¿Sabés quién fue Pilán? Eduardo Preda.


¿Tenes hijos?

Hijos, no. Estuve por casarme, compré cosas, platos en el Bazar Mitre. Mi madre eligió el diseño, era como una flor.

¿Y qué pasó?

Pasó lo que pasó: se tiró para el otro bando. Primero me engañó, siendo novios. Entonces, ¿para qué me voy casar?

Llegué de trabajar, y cuando vengo la encuentro con tres, y otra más. Qué se yo. Quedate con todo, no quiero nada, y no te quiero ver nunca más.

Yo viviendo solo, no tomaba tanto.

¿Por qué tomas?

Me gusta. Mucho. Porque soy alcohólico, no lo niego. Soy alcohólico, soy José Carlos Paiva Rodriguez, alcohólico.  Y fui a alcohólicos anónimos, estuve como 6 meses sin tomar. Pero lo que pasa es que hay unos que eran mentirosos, decían “no tomo más” y venían con un aliento a alcohol.

¿Querías dejar de tomar o te pidió alguien?

Sí obvio, empezando por mi mamá. Me extrañó que ayer no me fuera a buscar. Pero no, no, yo quiero tomar esto.

El problema empezó con mi sobrino.

¿Por qué dejaste de ir a alcohólicos anónimos?

Porque no me gustaron los relatos que dijo uno, que le pegaba a la madre, ya ahí ya empecé a volarme. Son pretextos para dejar de ir y seguir tomando. El alcohólico es alcohólico, quiero que me comprendas eso. Estás grabando, ¿no? Es bravísimo el alcohol. No violencia, sino que mentís, para seguir tomando. No robar, eso jamás; yo trabajo, trabajo y trabajo. Cuido coches, y si hay algo que hacer, dentro de mis posibilidades, lo hago. Con gran placer; y si lo hago, lo hago bien, como decía Olmedo.


¿Nunca pensaste en volver a ir?

Muy buena pregunta. No. Y si voy, voy con esto (la botella de vino) y me sacan.

Todo está dentro de las posibilidades, todo puede ser positivo. Pero yo no quiero fumar, y ahí los ceniceros parecen palanganas, ¿por qué me tengo que fumar eso?

Perdí muchas cosas, mi novia, me iba a casar. Entonces, como que me anulé.

Tampoco me ando arrastrando en estado etílico, no. Tomo y sé: "hasta ahí". Tampoco me voy a estar arrastrando en estado etílico avanzado, eso sería horrible.

¿Te gustaría salir?

No te puedo contestar esa pregunta, porque... es muy difícil, sabés; soy alcohólico, es muy difícil salir de ahí. Es como el drogado. Pero no me hables de droga, eso fuera. Ni la blanca, ni la maruja, fuera. Con un vinílico, yo me quedo contento.

Para mi es un placer estar dialogando con ustedes; me encanta, me encanta dialogar con la gente. Ojalá hubiera más gente así; y yo, pudiera dejar esto (el vino), que es muy difícil que lo deje.



martes, 16 de septiembre de 2014

¿Le puede pasar a cualquiera?

40 semanas, Marconi, Aquiles Lanza... en Uruguay existen aproximadamente 590 asentamientos, de los cuales 330 se encuentran en Montevideo. Todos víctimas de la pobreza e indiferencia social. Las condiciones en las que deben vivir distan enormemente del resto de la población del país.

Pero, ¿y las personas que duermen en la calle?

Dentro de los asentamientos, se vive en comunidad y debajo de un techo; en la calle no.


Indigente, pobre... damos por sentado que entendemos el alcance de estas palabras, pero no tenemos en cuenta que llevan consigo una carga social y personal mucho más amplia de lo que llega al ojo.

Por eso, como primera instancia, considero fundamental entender la definición de ambas:

Indigencia: falta de medios para alimentarse, para vestirse, etc. 

Pobre: necesitado, que no tiene lo necesario para vivir.

¿Estamos todos de acuerdo con esto?

Según las definiciones, existe una línea muy fina (si la hay) que diferencia ambas cuestiones. Desde me opinión personal, me animaría a agregar que el indigente es aquel que no tiene hogar, un techo. El pobre, si bien carece de los medios necesarios para sustentarse, puede o no, tener un lugar dónde dormir. 

En esta línea, el indigente puede no ser pobre, y el pobre puede no ser indigente...

Esto no es menor, en tanto lo que realmente le interesa a Vidas de Calle, es comprender cómo y porqué una persona termina durmiendo en la calle.

Es imposible no verlos. De camino al trabajo, a la universidad, al médico, a la casa de un compañero, al gimnasio, al súper mercado... cualquiera sea la actividad que nosotros estemos realizando, en algún momento del día los vemos. Sentados, acomodando autos, durmiendo, cargando bolsas; siempre están ahí, como si el tiempo no hubiera pasado.


¿Nacieron en la calle? ¿Y sus padres? ¿Por qué no viven en un Refugio?




Definiciones extraídas de:  http://www.rae.es/   y   http://www.wordreference.com

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Ellos...



¿Alguna vez te preguntaste cómo termina una persona viviendo en la calle?

Para nacer, se necesita un padre y una madre; 
¿dónde están? ¿dónde estaban?

¿Cómo es vivir en la calle? 





Vidas de Calle te abre paso a una realidad diferente, desconocida, inaccesible... 

Nuestro objetivo es concientizar sobre el lado oscuro de la realidad; donde las personas no tienen segundas oportunidades, y el camino se vuelve una pendiente. Donde un abrazo es un lujo, y una cama no es una opción.





Foto: www.subrayado.com.uy