"Ninguno de nosotros puede saberlo todo; cada uno de nosotros sabe algo; y podemos juntar las piezas si compartimos nuestros recursos y combinamos nuestras habilidades" - Henry Jenkins
El alcance de la tecnología en los últimos años a superado cualquier expectativa. La aldea global, diría Octavio Ianni, ha potenciado el aislamiento y la individualización característica de la burguesía del siglo XX.
Así pues, no es extraño notar la indiferencia de las personas frente a demandas recurrentes, como ser el pedido de "un pesito", "una ayudita", "una moneda pal' vino", "una ropita", etc.
Entiendo el sacrificio que implica dedicar casi el 40% del día al trabajo, para ganar ese "pesito" que el otro nos pide. Uno tiende a juzgar, y esto genera resistencia. Muchas veces esa resistencia nos lleva a sentirnos mal con nosotros mismos, en tanto entendemos que tal vez no nos costaba tanto darle "un pesito".
Hoy en día, el poder que otorgan los medios de comunicación a los individuos permite maniobrar con un margen diferente, más eficaz tal vez, en tanto el alcance de nuestras acciones puede masificarse rápidamente.
En esta línea, me cuestiono: ¿alguna vez hemos considerado utilizar dichos medios como una herramienta para ayudar? ¿Somos conscientes de lo que podemos generar con ello?
"Si el otro es una fuente de conocimiento, la reciprocidad es inmediata. A pesar de mi posición social temporaria, a pesar del juicio de una educación educativa acerca de mis habilidades, yo también puedo ser una oportunidad de aprendizaje para alguien. A través de mi experiencia de vida, mi carrera profesional, mis hábitos sociales y culturales, yo puedo - ya que el conocimiento es co-extensivo con la vida - proporcionar recursos de conocimiento a la comunidad. Aunque esté desempleado, o sin dinero o diploma, condenado a una vida en un ghetto, analfabeto, no soy inútil"
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