Esta vez, calle Gonzalo Ramírez, esquina Emilio Frugoni.
Sábado 15 de noviembre, tarde soleada. Raúl está sentado conversando con Machado y Carlos. Les pedimos permiso, y amablemente nos invitan a unirnos a la conversación.
Yo trabajé en la Prefectura. Me mataron un compañero ahí, casi en frente mío. Y vinieron y le dieron a la señora una bandera. Entonces, le dije al Comandante: “¿Con esto pagan la vida de un ser humano ustedes?”
“Si no me dan la baja ahora, yo me escapo, y sé por dónde irme. Las cosas como son, Uds. me enseñaron, Uds. me van a comprender”.
¿Cómo le van a dar una bandera a una mujer que tiene una criatura de 1 mes y le mataron al marido?
¿Cómo fue?
Hubo una fiesta, el 24 de diciembre. Se armó relajo.
¿Cuánto tiempo trabajaste en prefectura?
2 años. Entré con 20, 21 años. Hasta que me mataron a mi compañero me gustaba trabajar en Prefectura. Me enojé con mi Comandante; demoraron 8 meses en darme la baja. ¿Cómo le van a dar a una familia que tiene un bebé y matan al marido, una banderita?
De ahí me fui a trabajar con los barcos, comencé a navegar en un barco de pesca. Me gustó el mar, me encantan los barcos, me encanta el agua.
Trabajé con barcos uruguayos y fue la peor decepción que me llevé; por el compañerismo. Un día me llama un gerente a ver si quería trabajar en un barco español: sí. Después también trabajé en un barco Coreano. Hablábamos en inglés, yo sabía hablar inglés. Buena gente.
Hay una cosa que me enseñaron: de acuerdo a la conducta tuya, la conducta de los demás. Lo que pasa es que hay gente que es media de pelea, no es fácil.
Con decirte que vinieron a mi casa a hacer un asado cuando los gemelos tenían 8 meses… ¡no podían creer que tuviera gemelos!
¿Sos del barrio?
62 años, soy nacido y criado en la calle Yaro. Le vendí la casa al Frigo, yo tenía casa con cantina, parrilla, con todo.
¿Tenes hijos?
Tengo 7 hijos; 3 nenas y 4 varones, dos de ellos son gemelos, iguales, idénticos. Uno está en Argentina y el otro vive en el Cerro.
¿Los ves cada tanto?
Ya no trato, ya sé que no me puedo acercar. El que vive en Argentina es el único que me viene a ver, es el que más se preocupa: Sebastián. Consiguió un trabajo y se fue. Hace música de percusión, tiene todos los instrumentos: tumbadora, bongó, batería. Y le enseña a la gente a tocar.
Él viene, me va a buscar. Para mí es una satisfacción. Pero, igual, no me gustaría que me vieran así.
Estuve 39 años casado, me separé hace 4. Te voy a decir más, aunque te parezca mentira, la sigo queriendo.
¿Es la mamá de tus 7 hijos?
Sí. Casado por registro civil y por Iglesia.
¿Y qué pasó?
No sé qué le pasó… hasta ahora no me convenzo. Me separé hace 4 años, pero todavía lo sentís. Ella sabe que estoy en la calle.
¿Y ella dónde vive?
Yo le compré la casa en el Cerro cuando vendí acá. Le quedaban 6 cuotas para pagar; yo tenía plata en el banco, fui y retiré todo para pagar. Pero, no valoraron nada.
¿Vive con tus hijos?
Con alguno de ellos sí. Tienen 38, 31, 30, 28 los gemelos, y después tengo una niña que tiene un problema de capacitación, porque no puede leer y no puede escribir; ella tiene 20 años. Ella es el amor de mi vida.
¿Alguna vez pensaste en irte a Argentina a vivir con tu hijo?
No. Estuve en Brasil, sí. Trabajé en la ciudad de Pelotas. Siempre extrañando a mis hijos y a mi señora. Si vos encaras las cosas y no te responden… uno se cansa.
Mirá que no soy ningún santo, me mandé un par de macanas, y vinieron a decirle a ella, y ahí se quemó roma: “me ganaste por 5 minutos, porque si vos no hubieras agarrado a Raúl, me lo quedaba yo”, a mi señora le dijo…
¿Cuándo fue eso? ¿A los 39 años de casados?
No, antes.
No me arrepiento de haberme casado, porque me sentí muy feliz. Y a su vez, también ella se sintió feliz. ¿Sabes lo que es sacarla en una limousine y de ahí a Carrasco? Bárbaro, genial. Pero después se sentía sola porque yo me iba a navegar.
Si hay algo que me encanta, es el mar y los barcos. Pero ahora no lo puedo hacer, porque no tengo ni la libreta de navegación, ni el pasaporte, me sacó todo.
Pero, ¿se los pediste?
No, nunca lo intenté porque sé que no me los va a dar. Tendría que ir a Prefectura y decir que necesito una libreta y el pasaporte. Lo que pasa que a veces no tengo ganas; camino todo el día de acá para allá, voy y vengo, me quedo acá.
Machado acota: Bueno, tampoco hay que
bajonearse, ni ir para atrás.
Responde Raúl: No, yo te entiendo Machado, pero sabés lo que pasa, te cansa.
Machado comenta: Mirá que ella (en referencia a mí, quien entrevistaba) debe ser una psicóloga, pero yo sé hablar también. Eso es lindo, entenderse con la gente. Tampoco vamos a entregarnos, yo no estoy viejo. No sé cuántos años tengo, ya perdí el almanaque.
¿Estuviste en algún Refugio?
Estuve en A Redoblar, en Corea, y después
me querían mandar para atrás del Mercado Modelo. Pero ahí dije “no, no va más”.
Si tu dejas el celular, el anillo, las medias o algo por el estilo, te lo llevan. Hasta los
calzoncillos me llevaron.
Machado comenta: Hay refugios buenos y refugios malos.
Hay mucho pastabasero. Y, uno como veterano ya no tiene ganas. Sentate Carlitos que estamos charlando con
unos compañeros de trabajo.
¿No hay cuidadores?
Sí, hay. Paysandú y Convención, A Redoblar.
Un día me agarró mal, y le golpee la puerta y le digo: "acá estás vos jugando con
la computadora y las cuatro chicas tomando mate y comiendo bizcochos. Acá se va todo el mundo, te llevan lo que quieren". Yo no le toco nada a nadie.
Y me molestó.
Estuve un año, después me volví a ir y me vinieron a
buscar las muchachas del MIDES. Cuando vienen nuevamente, les
dije: “no, no quiero ir”.
Hay una falta de respeto total. A mí me mandan a
hacer una limpieza en los baños, o limpiar el dormitorio… el dormitorio es de
aquí a la esquina, 55 personas eran.
Ahora me vine para acá porque hay un señor
mayor que no puede caminar, y lo estoy ayudando. Si quiere orinar, tengo que
agarrarlo del brazo y llevarlo a la volqueta para que haga sus necesidades.
Yo antes iba a dormir al Refugio y después volvía, pero ahora me quedo acá.
Y en invierno, ¿cómo haces con el frío?
Y... acá en la calle me robaron la manta, el otro gorro. Yo lo lamento por él, que no puede caminar.
Machado acota: Es brava la calle Victoria, y más
para nosotros que estamos viejos.
¿Él tampoco quiere ir al refugio?
Tampoco. Ni saber. No sé qué judeada le
hicieron, pero no quiere ni saber. Es menor que yo. ¿Viste cuando te rezagueas
de algo y después no queres saber nada?
¿Y las chicas del MIDES son bien?
Sí, conmigo sensacional. Silvana es una, la
otra creo que Verónica. A mí me tratan bárbaro. Además, no me llaman por mi
nombre, me llaman por mi apellido: Otero.
Mirá mis manos lo que son. ¿Sabés de qué tengo las manos así? Porque agarro alguna changa de albañilería y no puedo usar guantes porque me queda molesto.
Tengo neumonía, uso medicación y eso.
Yo iba a Alcohólicos Anónimos allá en la
Aduana. Una mesa grandota. Había un gaucho grandote, pero grande, grande,
tomando mate. Después que habló lo que tenía que hablar, se había acostado con
le hija, con la madre, la vecina.
Un día, cuando vengo por San José, a la altura
de Río Branco, miro y digo: “no, no puede ser”; estaba metido en un boliche con
un vaso de caña. Me puse al lado de él, y me quedé. Le digo: “no te preocupes
que yo no te voy a andar diciendo qué hacer”. No tenía nada para decirme. Me
tomé mi copa y me fui.
No volví a ir más.
Yo si te escucho, lo hago para entenderte,
para comprenderte. Entonces ta, si vos me mentís a mí…
No hay comentarios:
Publicar un comentario