Yo quedé huérfano a los 6 años, sin padre ni madre. No tengo
familia, no tengo padres, no tengo nada. Yo soy solo, en el mundo y contra el
mundo.
Estuve en el liceo, estudié, y eso me ayudo. Pero las
sapiencias de la calle no te las da el estudio, ni un buen pasar, ni una
camita. Vos tenes cama, no te falta nada; es difícil.
¿Por qué dejaste el estudio?
Por diferentes motivos; el encierro. Estaba en un Hogar en el
Prado, y ahí tuve la posibilidad de un estudio primario y básico, pero me mandé
unas cagaditas. Me fui, no aguantaba el encierro.
¿Qué me importan las letras a mí? Las letras las hago yo.
Hice cuarto año de liceo, y después empecé a caer en esto.
Eras chico…
No, no era chico, era adolescente. Ahí empezó la caída.
Tomaba alcohol, pero eso no me colmaba, buscaba algo más
fuerte. Empecé verdaderamente con el alcohol en el 93’, cuando estaba en la
Casa del Emigrante, en la Ciudad Vieja. Una casa de peruanos en frente del
Columbia Palace Hotel. Momentos difíciles…
Cambiaba la limpieza por quedarme ahí: por la comida y por
la cama, hacía el trabajo.
Dios me perdone, pero los peruanos eran tremendos, se
dormían adentro de las cloacas, en el piso. Yo les decía, “dale vo, que tengo que limpiar”, y ni se movían.
La comida nunca la vi, y la cama, más sucia... y los
peruanos durmiendo siempre adentro de la cloaca. ¡Para! Limpiarle el baño al
peruano, levantarlo y sacarlo para afuera… no.
Y a partir de ahí caí. Vos necesitas masticar, el cuerpo lo
pide. No tenía para comer, lo único que tenía era el techo. Había tremenda
entrada, patio y una claraboya que no tenía ni vidrio. Cada vez que llovía se
inundaba aquello, y yo a los lampazos.
¿Después de ahí qué hiciste?
Arranqué para donde están las posibilidades para comer. Por
lo menos estar en paz, está muy contaminada esa parte.
Machado acota: no
es vida la nuestra Victoria, es muy desgraciada.
Todavía está la esperanza, que tal vez algún día… vuelva a
ser un pibe de 20 años.
¿Fuiste a algún refugio?
Sí, Barrios Amorín entre Colonia y Yaguarón.
¿Queres que te diga una cosa? Me cuesta adaptarme al
refugio. Tenes que aguantar muchas cabezas, drogas, drogadictos… ojo, yo no
tengo nada contra nadie, pero se arman locuras, se ponen medio locos. Yo, a mi manera,
estoy tranquilo. No quisiera estar así, ¿a qué ser humano, medio racional, le
gusta estar así? No está bueno. Tengo la convicción de que algún día voy a
salir.
Supuestamente en los futuros gobiernos los asentamientos van
a desaparecer. ¿A cuánta gente le vas a cambiar la mente? Gente acostumbrada a vivir décadas,
generaciones así…
Es porque te gusta la calle, lamentablemente te acostumbras.
¿Qué voy a hacer? ¿Abrir una casa, meterme para adentro? No es fácil salir de esta situación.
Lo que pesa es el trabajo de uno; la verdadera verdad,
¿estoy presentable?
Casi me ahogué una vez, perdí la dentadura, la postiza: ¿voy
a ir así a pedir trabajo? Te miran en todos lados.
Son puntos que uno tiene claro, yo los tengo claros, no
necesito ser muy inteligente.
¿En los refugios no los ayudan a encontrar trabajo?
¿Sabes cuál es el tema? Está muy saturado el sistema. Vas a
la puerta de entrada y hay 500: “no hay
más lugar, eh!”, y te vas.
¿Producto bruto interno? Producto bruto externo sí, se
exporta, se exporta, vacas para todos. Hay que ser calculador en la vida.
Machado comenta: a él
le gusta estar solo.
Me sobran los dedos para contar la gente con la que yo puedo
hablar. Tenemos las mismas décadas de sufrimiento (en referencia a Otero y
Machado); eso está bien guardadito acá (se señala el corazón).
Buena onda… eso es importante. A veces te paras solo con el árbol y decís
“hola”.
¿Sabes qué considero esto? Esto lo considero una familia.
Machado acota: lógico, es que
somos una familia. Una conversación tan linda como la que hubo hoy. Uno se
desahoga un poco también. Hablando con una persona, te sentís mejor.
¡Optimismo, optimismo, no pesimismo! No importa el nivel
económico, no importa el nivel social, importa la gente. Cuesta a veces hacerse
querer, porque las heridas son fuertes...
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